Planeta Crimen: Goyo Cárdenas – El estrangulador de mujeres Parte III

Planeta Crimen: Goyo Cárdenas – El estrangulador de mujeres Parte III

Mientras los detectives rastreaban al pretendiente despechado, Goyo sabía lo que había hecho. Sabía con quién se había metido esta vez. Y sabía que en este punto, ya no había marcha atrás. 

Así que fue a buscar a su madre, la primera mujer que con su personalidad demandante lo hizo sentir siempre menos, y de la que se había independizado gracias a su beca de Pemex.

Cuando la policía fue a la casa de la señora Vicenta, en la colonia Guerrero, en pleno centro de la ciudad, declaró que su retoño había llegado a casa bañado en lodo, nervioso, repitiendo incoherencias.

Hablaron. No se sabe qué tanto le confesó, pero la conclusión fue que se había vuelto loco.

Y loco, había que encerrarlo para que no causara más daño. Por voluntad propia, Goyo fue con su madre a ser internado en el sanatorio del Doctor Oneto Berenque, en Tacubaya.

Pero todo era una estrategia. En lugar de darse a la fuga, volver a su natal Veracruz, quizá, el plan era refugiarse en esa clínica. Y ahí lo encontró la policía cuando llegó su momento.

El doctor Oneto lo entrevistó. Le hizo un examen detenido y concluyó que el presunto loco, en realidad no lo estaba. El mismo Goyo le  confesó después que estaba fingiendo pero porque intentaba esconderse del abogado Arias, que lo quería culpar por la desaparición de su hija.

Después de haber entrevistado a la mamá, los detectives acudieron a la casa de soltero de Goyo Cárdenas, en la calle Mar del Norte número 20, de la colonia Tacuba… Estaban por descubrir el horror…

La casa estaba cerca de las vías del tren que iba de Tacuba a Azcapotzalco, en una callejuela estrecha, sin asfaltar, que se enlodaba con las lluvias como las de los últimos días. Se entraba por un jardín de unos seis metros de ancho por diez de frente, al que primero no le pusieron mucha atención.

Tenía dos habitaciones. Una con apenas un catre donde dormía su habitante. La otra, equipada como una pequeña biblioteca y un laboratorio perfectamente bien montado, a donde incluso invitaba a sus amigos cuando querían hacer alguna práctica.

No parecía la casa de cualquier joven normal. Tubos de ensayo, mecheros y materiales químicos llenaban los rincones. Una especie de taller alquimista donde el joven aprendiz de químico hacía sus experimentos.

Esa primera inspección fue devastadora, aunque no definitiva. Los policías encontraron un pañuelo, que pertenecía a Graciela, y el espejito de mano que cargaba para retocarse el maquillaje. Ya no había duda de que la muchacha había pasado por ahí. Pero todavía no se sabía su paradero.

El 5 de septiembre, el detective Acosta volvió a la casa de Goyo. Caminando por el jardín mientras pensaba en el caso, escuchó como un zumbido en un rincón. Se acercó y descubrió un enjambre de moscas revoloteando sobre un montículo de tierra que se veía recién removida.

Se acercó más y ahí lo vio: entre la tierra sobresalía un dedo humano. Un dedo de mujer.

Empezó a escarbar. No tuvo que ir muy profundo. Goyo había dejado su delito a ras de superficie. Al quitar un poco tierra se encontró un cadáver con las manos amarradas y descalzo. Adentro habían aparecido unos zapatos guinda.

Campuzano, el socio de Arias fue el primero en llegar y reconocer el cuerpo. Confirmaba lo que ya se temía: en el jardín de Gregorio Cárdenas había quedado el cadáver de Graciela Arias Ávalos. Gracielita. De 21 años. Hija de buena familia. Estudiante de la Escuela Nacional Preparatoria…

@iartetam es una periodista mexicana especializada en temas de género, puedes encontrar más de su trabajo en https://www.animalpolitico.com/author/iarteta/ 

Esta investigación forma parte del episodio 1 de Planeta Crimen, podcast de True Crime hecho por MQN501 para audible, puedes escucharlo aquí: https://adbl.co/2NUuVQS 

COMENTARIOS

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    Carmen Briseño hace 8 meses

    “Cuidate de los serios” pero que cara de mosca muerta! pobre muchacha!