SE ME OLVIDÓ OTRA VEZ.

SE ME OLVIDÓ OTRA VEZ.

Hay algo que invariablemente todos tuvimos en algún momento. Y no, no es comezón. Es una mamá. Hay mamás de todos los colores, sabores y estilos pero definitivamente, en algún punto, la propia es la mejor.

Luego nos empezamos a creer un chingo y resulta que le vamos encontrando detallitos, se llama pubertad, pero luego creces, pasas los veintes y te das cuenta que tú sigues siendo un todopendejo y tu mamá sigue estando muy por encima del gargajo incoloro en que te has convertido.

Les he contado cosas sobre mi papá pero pocas sobre mi mamá. Y no, no los pienso aburrir con una historia lacrimógena sobre mi progenitora. O tal vez sí. Pero no, no quiero que lloren.

Mi madre se casó ya mayor, a los 30 años, y ya sé que hay algunos de ustedes que piensan que a los 30 apenas estás empezando a vivir, pero chavos, antes eran otros tiempos. Mi abuela, por ejemplo, se casó (kind of “la casaron”) a los 14 años, tampoco se mamen.

Empezaré por contarles cuando a toda mi familia se le olvidó ir por mí al kinder. Equis, ni lloré tanto.

Yo tendría como 4 años. Y mientras mi mamá se iba al trabajo me dejaba encargado en casa de mi abuela donde vivía también una tía con mis primos. He de decir que yo amaba a mi tía como a una mamá ya que prácticamente pasaba todo el día con ella. 

Como era un “shavalillo muy despiertillo”, a mi tía le pareció buena idea inscribirme en el kinder que estaba ahí cerca, en Ávalos, Chihuahua. Creo que también para poder echar la hueva un rato porque mis primos ya estaban grandes y pues qué hueva cuidar al sobrinito preguntón que todo quería saber.

Yo no tenía un pedo. Me mamaba la escuela. Y pues ahí andaba yo haciendo lo que se hace en el kinder. Que descubrir la cura contra el SIDA, desarrollar algún aditamento aeroespacial, probar qué tanta plastilina puede caber en la nariz de Chuy, mi amiguito, ya saben, lo normal.

Resulta que un día, un funesto día, cuando sonó la campana y se terminaron las clases. Cuando tuvimos que colgar nuestros mandilcitos de quesadillera, recoger nuestro material de trabajo y recuperar, dentro de lo posible, toda la plastilina de las fosas nasales de Chuy; para poder ir tranquilamente al patio a esperar que la maestra gritara nuestro nombre, avisándonos que ya habían llegado por nosotros… bueno, pues ese día… la maestra nunca gritó mi nombre.

Uno tras otro escuché llamar a mis amiguitos. Uno tras otro se fueron despidiendo sonrientes. Uno tras otro se alejaron. Hasta que me quedé solo, como estúpido. Bueno. Ni tan solo ni tan estúpido. Un amiguito estaba conmigo: Gabriel Maldonado.

Gabriel vivía a dos cuadras del kinder (la casa de mi abuela estaba a 5 cuadras) y su mamá se quedó platicando con la maestra en lo que llegaban por mí, porque Gabrielito Maldonadito se lo pidió. Pero nadie nunca llegó.

Y cuando la mamá de Gabriel Maldonado me preguntó: ¿No van a venir por tí, mijo? Creo que Gabriel Maldonado y yo ya nos habíamos puesto de acuerdo porque dije que iban a recogerme en casa de Gabriel Maldonado. 

Y miren, era una comunidad pequeña, la verdad es que todos se conocían y aunque, quizás, podría haberme ido solo a casa de mi abuela, resulta que la mamá de Gabrielito Maldonadito me creyó y nos fuimos todos a su casa. Aparte era yo un peque amigable y retozón sin ningún atisbo de la piltrafa en la que terminaría convirtiéndome, aún no tenía barba y tenía abundante cabello y unos ojos redondos y oscuros bastante amigables, entonces, pudiera ser que la gente pensara que, en caso de que nadie me reclamara, podría tener yo algún valor en el mercado negro, ya fuera entero o por partes.

Recuerdo muy bien que Gabrielito Maldonadito era hijo único y tenía un chingo de juguetes. Uno, en especial, nunca se me va a olvidar. Era una perrita mecánica que tenía cachorros y se acostaba de lado y si le acercabas los perritos estos hacían como que tomaban leche de sus “chichis” jejeje, “chichis”… sí, Gabrielito Maldonadito y yo nos reímos horas con lo de “chichis”.

El tiempo pasó en chinga. O quizás fue que, como me estaba divirtiendo, se me pasó en chinga. Era un niño “sangre-liviana”, decía mi abuela, así que nadie se quejó de mi presencia, creo, hasta que, no sé cómo, mi madre llegó. Toda llorosa y preocupada, la pobre. También ¿quién te manda querer trabajar cuando tienes hijos que atender, Guadalupe? No es cierto, pobre de mi madre. 

Pasó que ella llegó del trabajo a casa de mi abuela para recoger al gordito y el gordito no estaba ahí. Resulta que mis primas me llevaron al kinder, como casi todos los días desde que mi tía enfermara, pero un tío, hermano de mi papá, tenía que ir por mí a la salida. O algo así. Por si las dudas: que chinguen a su madre los que hayan tenido que ir por mí y no fueron.

Ese día, cuando nos fuimos a la casa, se me prometió que jamás volvería a pasar una cosa como esa. Y se me cumplió.

Mi mamá nunca dejó de trabajar hasta que se jubiló, y tuvo que hacer milagros para cumplir su promesa. Mi tía, la que me llevó al kinder por primera vez, mi segunda mamá, falleció a los pocos meses. Cáncer. Puto cáncer. Y ya sé que les dije que no los iba a hacer llorar. Por lo mismo aquí le dejamos. Hoy no hay moraleja. No hay cierre lacrimógeno. Solo una historia de un gordito, olvidado por su familia en el kinder que supo sacarle provecho a la situación. 

No todas las historias terminan en tragedia.

Gracias por leer.

COMENTARIOS

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    Eduardo hace 9 meses

    Trató de leerlo con la voz de la cabeza de karime Macías, para no llorar y aun asi me saca una, o varias… Gracias Vik.

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    Sandra López hace 9 meses

    Me gusta como escribes, casi siento que escucho tu voz y me muero de la risa!  Si tuvo final triste por cierto ☹️

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    Javier Stone hace 9 meses

    Tenga su “Me gusta”. Muy chingona.

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    Marcela Ruiz hace 9 meses

    Me quedé con un tremendo nudo en la garganta y los ojos brillositos, listos para echar la lágrima.

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    AngieHdz hace 9 meses

    Me encanta como escribes Vic, y para mi la moraleja fue que podrás no importarle al mundo pero a tu mamá siempre.

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      Cecê hace 9 meses

      Linda historia triste querido Victor.

      En otro orden de ideas: yo puedo ir a recogerte…
      Por si ocupas ❤️

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    Alfonso hace 9 meses

    Wow, que fregona está tu columna Vic. Tienes ese “timing” perfecto, siento que voy leyendo una pequeña historieta. 

    Saludos de un chihuahuense atrapado del otro lado del charco pero cerquita (literal muy cerca, en El Paso TX).

    Me encanta leerte y leerlos a todos, en particular a ti y a Gab.

    Te mando un pinshi abrazote norteño de esos que nada más se saben dar los que somos de Chihuahua 

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    Paulina hace 9 meses

    Me encanta leerte y hoy me di cuenta de que compartimos un episodio de vida. A mi también me olvidaron y me fui a casa de una amiga, con engaños

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    Leerte es chido, podria adularte con mas cosas pero todas se resumen en GRACIAS

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    Myriam Malta hace 9 meses

    Ese Vick, si de grande dan ganas de abrazarte, de chiquito más. Está increíble tu historia.

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    2Mingo hace 9 meses

    Te faltó contar alguna anécdota de la bruja que vivía abajo del kinder.

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    Felipe Hernández hace 9 meses

    Dijiste que no iba a llorar y te creí, y aunque tu relato no termina triste, cuando hablas de los 20s y que uno se da cuenta que sigue siendo un meco al lado de su madre, me vi reflejado.
    Gracias por escribir y permitir encontrarme en tus palabras. Por cierto, yo perdí a mi abuelo a los 15 años por ese puto cáncer! Pero al ser esta una historia feliz, lo dejo para la próxima.

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    Jorge Castillo hace 9 meses

    Gran relato Víctor, me gustó y me causaste una buena sonrisa. ¡Saludos!

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    Beatriz Mora hace 9 meses

    No puedo admirarte y amarte más, porque seria gula.
    Gracias por tanto…

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    patt rais hace 9 meses

    eso de que mi madre se casó “ya mayor, a los 30” jajaja no chingues, en estos tiempos y con esa edad todavía estas medio wey para casarte, en fin. es la primera vez que te leo y ya soy tu fiel seguidora. gracias, es una anécdota muy tierna.

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    Eduardo Miranda hace 9 meses

    Al terminar de leer tú historia, me di cuenta que tuvimos una infancia muy parecida. Me has traído recuerdos muy gratos de ella. Gracias.

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    Si hubo final triste😔

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    Ivonne hace 9 meses

    Woow!!! 
    Me encanto esa historia, y tú manera de escribir me atrapa siempre. 

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    Claudia hace 9 meses

    Como hija me dejaron en el súper, arriba del carrito, aún me acuerdo. Pero cuando iban a subir las cosas al carro se dieron cuenta y volvieron Gracias a Dios no me sentí tan abandonada jaja . Como mamá un día en las prisas de la mañana subí todo para llevar a mi niño a la guardería e irme al trabajo y a la cuadra me di cuenta que no lo traía me quise morir; lloré, volví asustada y mi bebe dormido feliz en su cuna sano y salvo ese día decidí renunciar a ese trabajo porque no me daba la vida. Respetos a tu madre que logro cumplir esa promesa tan importante 😍. 

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    karina hace 9 meses

    a todos nos olvidaron alguna vez en el kinder vic,… pero quiero pensar que eso nos hizo superar peores cosas en la vida, que peor que te olviden en el kinder jajaja… diria chumies ya no pueden hacerme daño… jajaj

    Me gusto la narrativa” thanks =)

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    Sondury hace 9 meses

    Nunca me olvidaron, pero esta historia nunca se me olvidará!  Que gran Columba. Love you jajaja no cierto! 

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    Arturo V. hace 9 meses

    Yo me dormí en el auto de mi padre, le metí un puto susto cuando iba llegando en la noche a su trabajo, al regresarme a casa ya todo estaba apagado, mi madre y mis hermanos dormidos. Mi madre sólo dijo “sentía como que se me olvidaba algo…”. Creo que apagarle a los frijoles no???!!!

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    Norma M hace 9 meses

    A mi me olvidaron cuando mi mamá tuvo un accidente, y me tuvo que ir a recoger mi papá, todo iba bien hasta que recordó que no sabía donde estaba mi escuela… Me hiciste recordar ! Gracias!

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    Que linda estampa un Chibi Vic, muy linda historia, a mi se me han olvidado mis sobrinos también. Lo peor es que fue en un curso de verano en el DIF!, pobrecitos.

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    Rachna Patricia Hernandez hace 9 meses

    Aweeeee! Sangre liviana de chavalillo muy despiertillo! Sigues siendo eso, es tu esencia Vic. Gracias por escribir tan re-bonito. 

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    Que bonito escribes, siempre es un placer leerte, aunque no haya moraleja pero sí hay mucha historia y en estos tiempos se agradece.

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    Alejandra Hernández hace 9 meses

    Yo te adoro amo todo lo que escribes

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    Marco Vazquez hace 9 meses

    Pensé que iba a ser algo de política, muy buena historia

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    Que linda historia! a mi una vez me olvidaron en una casita de muñecas 🙁 y me rescato un vecino

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    Marissol hace 9 meses

    Como siempre el Vick con sus historias chingonas. 😉

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    Rosario hace 9 meses

    Una vez Saliendo de la primaria (2do. de primaria), mi mamá tardo un poco en llegar, y yo muy listilla dije creo que estoy lista para abordar el bus sola! jaja!! llegando a la casa obviamente no había nadie que me abriera ya me mi mamá estaba esperándome afuera de la escuela, total que después de horas llego esperando que yo estuviera ahí, y si ahí estaba toda pendejilla llorando, arrepentida de haber tomado el bus yo sola!
    P.D. Me metieron un cagadon!

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    Carmen Briseño hace 9 meses

    El día que tembló mi mamá llego a consolar a los niños histéricos y cuando una maestra la regaño y le dijo: porqué no está con su hija? mi mamá fue y me dijo enojada: NO SOY EXCLUSIVA DE TI. Cuando tuvo la primer nieta me preguntó: Qué se siente que ya te cambié? Fue hermoso! muy planeada yo!

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    Ricardo Escobar hace 9 meses

    Que suerte y bendicion tener a tu mamá. La mía murió cuando tenía 5 años, así que me encantan las historias donde valoran y recuerdan a sus jefas. Saludos desde Monterrey.

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    Caro Alonso hace 9 meses

    Me encantó, me gusta como escribes (A mi y a mis hermanas también nos olvidaron en la escuela varias veces, te acompañamos en tu dolor jajaja). Bonito día!

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    Francisco hace 9 meses

    Yo una vez me fui caminando a casa del Kinder mientras mi mamá platicaba con sus amigas maestras

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    Betochas hace 9 meses

    A mi no me olvidaban, yo decidía no llegar temprano y metían unas putizas… Jajajajajajaja